lunes, julio 06, 2009
Porque la esperanza es lo último que se pierde
sábado, marzo 28, 2009
Utopía
domingo, febrero 08, 2009
Circunloquio sobre los sueños
domingo, febrero 01, 2009
Teléfono malogrado
jueves, enero 29, 2009
Hipocrecía
Yan tiene mil caras y mil amigos. Cada amigo considera bastante a Yan. Él considera a todos, no digamos mucho; pero digamos por igual.
Los mil amigos suelen reunirse los miércoles por la noche, en las afueras de la ciudad. En esas reuniones hablan de sus mejores amigos, y sin saber que quizá tienen alguno en común, siempre planean una próxima reunión con dos mil personas, cada quien con su mejor amigo, en un mejor y más amplio lugar; aunque esto nunca ha podido concretarse.
Es sabido que Yan nunca ha asistido a este tipo de reuniones, y es que los miércoles en la noche trabaja en un centro comercial. Es una lástima y una fortuna a la vez, para quien con mil caras, mil amigos logró comprar.
*Nota: Las reuniones de 1001 personas son de mala suerte en aquel extraño lugar.
sábado, enero 24, 2009
Zurullo
Una mujer caminaba muy despistada por la vereda, y por casualidad pisó un trozo de caca que por ahí estaba descansando. La mujer, muy molesta, decidió quitarse aquella caca de la zapatilla derecha en la que ahora ésta intentaba descansar. Decidió hacerlo pisando en forma brusca a un triste gras que simplemente estaba observando aquella escena. Mientras la mujer intentaba quitarse la caca de la zapatilla derecha, ésta, es decir la caca, se expandió y contaminó a la zapatilla izquierda, y luego a la pierna izquierda, y a la pierna derecha, y así, poco a poco, a todo el cuerpo de aquella despistada mujer, que no se daba cuenta de nada pues aún tenía el iPod prendido, y la música de JoJo parecía ser hipnótica e interesante.
Luego de muchos minutos, la mujer detuvo el inquisidor martirio al que sometía al gras y a la caca por cansancio, así que resolvió sentarse un momento en aquella vereda por la que hace muchos minutos intentaba transitar, para pensar otra forma de quitarse la caca de la zapatilla; pero, lástima, antes que pudiera darse cuenta que la caca ahora estaba en todo su cuerpo, otra mujer más grande y más despistada que ella que pasaba por ahí, la pisó súbitamente. La primera mujer no se dio cuenta de todo esto hasta que la canción de JoJo termino, al igual que su iPod, su descanso, y su vida, tanto de mujer como de caca.
El único problema es que el triste gras ya no estuvo por ahí para observar, y/o salvar, aquella escena, pues tuvo y tiene hasta la fecha mucho miedo a contaminarse con algún trozo de cansada caca que se intente limpiar...
miércoles, enero 14, 2009
La guerra y la vida
En un valle muy lejano viven Tonto y Tonta, viven juntos y en medio de una guerra. A Tonto le gusta soñar que es el general más influyente de aquella guerra; mientras que a Tonta, le gusta recoger los encargos del tambo, y ver como Tonto alardea de ser quien no es.
Tonto sale cada día, a las cinco de la mañana, vestido de uniforme. Se va a la plaza mayor e incita a la batalla. Habla de derechos y de izquierdos, de revolución y evolución. A menudo convence a algunos incautos, a quienes envía con estrictas órdenes al cuartel; pero, cuando llegan presurosos al cuartel, estos nobles e incautos reclutas encuentran al verdadero general, quien les da nuevas órdenes, mucho más importantes, olvidando así las de Tonto, que las dejan polveándose en los tambos que abastecen a los bunkers.
Tonta, que no hace honor a su nombre, se queda todo el día en el bunker en el que vive, muy lejos de la plaza. Ahí siempre espera cada tarde, cortando flores o leyendo un libro, a su cobarde y falso general, que siempre vuelve agitado y asustado, pues es perseguido por un populacho amedrentador.
lunes, enero 12, 2009
Lo que la lluvia se llevó
Han pasado 26 días desde que comenzó el toque de queda: 16 días de lluvia, y los 10 días más por el maldito programa de limpieza del gobierno. Pero hoy es un día diferente, ha salido un sol hermoso, casi ajeno para algunas personas, que como Julieta, se encerraron con los pocos libros que les quedaban en casa, soportando el ensordecedor sonido de los televisores vecinos en continuo zapeo, y las lamentaciones nocturnas de los compulsivos compradores rasgando las tarjetas de crédito en cualquier ranura sólo para sentirse, o creer sentirse, un poco aliviados (sin que esto implique alguna morbosidad sexual).
Sólo faltan 2 horas para que el toque de queda termine, y Julieta en verdad muere por salir de su cuarto. No soporta más los canales deportivos, las huachafas delgaduchas de Plus TV y su supuesta moda, y aún peor, a los anuncios del gobierno, pues ni bien algún funcionario deja de hablar del toque de queda, ella apaga el televisor. No soporta más mentiras. Sólo quiere volver a leer en los parques y en la playa, a jugar voleibol con sus amigas del alma; quiere volver a comprar en la tienda de Luis, que no ve hace exactamente 27 días, y que está segura la extraña, casi tanto como ella a él. Ella sabe que no pudieron comunicarse porque ella no tiene teléfono móvil; pero, toda pesadumbre es llevadera, excepto el consumismo.
Al terminar el toque de queda sale presurosa, quiere ir a la librería a comprar el nuevo libro de Vargas Llosa, no soporta no tener qué leer. Se siente como vacía, como que hay algo que le carcome el estómago, y no es la ansiedad por ver a Luis. Al caminar por el parque, nota que no hay ningún niño en los juegos, ella pensaba que ellos serían los primeros en querer escapar de la opresión familiar y salir a jugar; sin embargo, sólo ve un parque de tétrico aspecto, con arbustos que parecen melenas de leones salvajes, cuyas descontroladas hojas caen en las antiguas veredas, donde ella solía jugar rayuelo, y que ahora, por acción del persistente agua, están agrietadas y desgastadas, como sus recuerdos de niñez.
Sin ánimos de recordar, Julieta atraviesa el parque, llegando a la avenida Principal. Ahí nota que no hay movilidad alguna, ni microbuses, ni taxis, ni mototaxis por último; pero, es un día hermoso, el primer día post diluvio, y ella está segura que al llegar a la librería encontrará a sus amigas (las del voleibol) y a algunos amigos, que así como ella, deben estar impacientes por salir de este autoexilio cultural. Así es como resuelve caminar, sin importar lo lejos que está la librería ni lo peligroso que pueda ser el trayecto.
Camina por interminables dos horas, en las que las únicas personas que ve son unos ancianos, que corren mirando constantemente hacia atrás, como si alguien les persiguiese, hacia el antiguo local del asilo, en la prolongación Paraguay, un lugar horrendo que ahora es un depósito informático, aunque no recuerda si así llaman a ese tipo de lugares. Ella no toma importancia al hecho de ver a los ancianos; pero, le hubiera gustado estar más cerca de ellos, para preguntarles si vienen del centro, o si saben el por qué de la soledad en las calles. Para colmo de males, ella no puede comunicarse con nadie, pues casi todo está destruido por efecto del agua.
Pasan una hora más y, muy cansada, llega al comienzo del centro de la ciudad, a unas cuadras del primer Gran Portal, que, felizmente, alberga la librería que ella suele visitar. Ya no fue sorpresa verla cerrada, aunque Julieta aún tenía la esperanza de encontrarla abierta; lo que sí le extrañó, fue estar sola ahí, ella esperaba encontrar una muchedumbre de personas abarrotando la calle; personas que, igual que ella, estarían presurosas por comprar algún libro, o por lo menos por hojear alguno, para de algún modo escapar de esta mediocridad causada por el agua, que no trajo sólo destrucción material, sino también intelectual. ¿Será que la gente no sabe que terminó el toque de queda?, se pregunta Julieta, triste, sin entender la situación.
Al llegar a la librería misma, mayúscula es su sorpresa al ver que el vitral de la entrada estaba impecable, y se podían ver los libros desde aquel. Están todos intactos, como si estos 26 días hubieran sido sólo un pestañar, sólo un sueño. Ella quiere pensar que quizá es eso... y es que no soporta no poder recibir una porción más de cultura, o por lo menos, de literatura. El agua se llevó a las personas, que no eran sus amigas; pero le proveían de alimento y esperanza, que quizá el agua también se llevó sin que ella se diera cuenta.
Julieta espera sentada en la librería por algunas horas más, muy extensas y muy solitarias. Al caer las últimas cenizas de la tarde, decide que es suficiente, recuerda que no hay alumbrado público, así que resuelve regresar a su casa, un poco derrotada, y muy confundida. En el camino maldice a Dios, aunque no creé en Él, y al agua; maldice a sus convicciones morales, aquellas que le impidieron tener los ovarios para romper el vitral de la librería y robarse algún libro; aunque sea alguno de los que están en oferta. Maldice sin cesar, sin hallar consuelo, ni alguna otra persona, que como ella, sólo quiera salir a respirar un poco de aire menos viciado.
Llega a su casa. Ella nunca conversó con sus vecinos y no quiere comenzar a hacerlo ahora; pero, sabe que cada noche tienen todas las luces prendidas, y es que a las 9 ven el programa de Mariela. Ese programucho que ningún peruano, excepto ella, se pierde. Todo esto es demasiado extraño, y ella, quiere ser parte de todo esto; aunque sin involucrarse con aquellos que considera de menor nivel cultural. Así que, quebrantando todas sus convicciones, resuelve ver aquel bellaco programa esta noche. Total, el programa es emitido desde la capital. Allá sí deben estar todos sumergidos en sus actividades, no pasan las tonterías que pasan acá, se dice a sí misma, con un aire de superioridad, mientras sube las infinitas gradas hasta su pequeño cuarto del décimo piso.
Al prender el televisor y sintonizar a Mariela, escucha una noticia sobre la llegada de un nuevo producto, muy novedoso, llamado Internet. El gobierno ha decidido entregarlo en cada casa de Bijus, la ciudad de Julieta, totalmente gratis, o si la casa prefiere, raspando la tarjetita de Visa o MasterCard. Estas entregas ocurrieron durante los 2 últimos días, anunciaba gustosa Mariela, que también fue de Bijus; pero, de adolecente logró escapar a la capital.
¿Internet? ¿Qué es eso?, se pregunta confundida Julieta. Desde su cuarto en el último piso del edificio no escuchó ningún ruido del gobierno, y ninguna persona le avisó que algo así ocurriría. Comienza a hacer zapeo, y es que el programa no le gustó para nada. Mientras hace el zapeo se da cuenta de qué pasó. Todos estaban en sus casas, usando Internet, exclama asustada. Pero ¿Quién podría ser tan idiota? ¿Quién puede ser tan inculto?, se pregunta, tratando de mentirse a sí misma.
Julieta mira su cuarto, resignada, sus libros ya leídos, sus poemas ya escritos. Piensa que mañana nadie atendería en la librería, que nadie jugará más al voleibol con ella, que quizá Luis no la volverá a visitar porque ahora está atrapado por los largos tentáculos de Internet, el mostro que dejó el agua, y un mostro que ante ella no se presentó, quizá porque le hubiera podido hacer frente. Finalmente piensa que quizá debió comprarse un móvil cuando tuvo la oportunidad, así se mantendría informada y quizá hubiera podido… ¡No, eso no! ¡Jamás! Grita mirándose al espejo.
Ensimismada y negándose a aceptar un mundo de soledad, y sobre todo, sin cultura, Julieta se lanza del décimo piso, por la ventana de su cuarto. Se lanza sin titubear, con una sonrisa en el rostro y un libro sin cubierta en el brazo. Y es que, cualquier pesadumbre es llevadera, excepto el consumismo…
Supongo que no es necesario aclarar que nadie recogerá el cadáver de esta heroína de la cultura hasta pasadas una o dos semanas, cuando éste esté casi descompuesto y sea practicamente imposible afirmar las causas de su muerte. A Julieta nadie la recordará, ni siquiera Luis; pero, ese día será recordado por siglos, como el primer día, post boom Internet en Bijus.
miércoles, enero 07, 2009
Los ciegos que verán
martes, enero 06, 2009
La obra del espejo (o del crítico)
Se levanta el telón. Una diminuta sombra aparece en medio del escenario. Empieza a caminar, sin sentido aparente, por una callejuela de extrañas dimensiones, buscando quién sabe qué. Parece confundida; aunque el público no sabe, y de seguro ni le interesa, el por qué de la confusión, el caminar elegante de esta minisombra ha cautivado las miradas de aquellos, que parecen felices, pese a no entender lo que la sombra hace.
Luego de unos minutos de gélido silencio del público, la sombra comienza a correr, con una forma de correr alocada, zigzagueando algunas piedras que están esparcidas en el escenario, parodiando alguna historia de laberintos que muchos miembros del público han visto antes. Muchos de ellos se van decepcionados, al ver aquella burda copia; otros, se quedan con la esperanza de hallar un final mejor.
El poco público que queda parece esperar alguna reacción de la minisombra, que, sin que el recorrido parezca monótono o repetitivo, sigue corriendo sin sentido alguno, tropezando por los mismos lugares, una y otra vez. El público empieza a abuchear; pero no se va.
La sombra parece cansada, deja de correr para nuevamente emprender su elegante caminar, ese que cautivó al público al comenzar la obra, quién sabe por qué. Se detiene en medio del escenario, justo donde apareció al levantarse el telón. Parece sorprendida. Se agacha. En cuestión de segundos recoge un espejo del piso. Se para y se mira al espejo elegantemente, se ve muy feliz. El público no entiende, están todos confundidos. Un tío del fondo de la sala se levanta y aplaude enérgicamente. Los demás le ven distinguido, creen que es un crítico, y deciden seguirlo. Se dasta una gloriosa ovación.
La minisombra comienza a correr mirando su nueva expresión en el espejo, corre a donde quiere; y aunque aún sin sentido, por lo menos no tropieza más. La minisombra se siente una estrella, y ciertamente está siendo ovacionada como una. Cae el telón.
El público, que sigue sin entender, voltea a buscar a aquel crítico que regaló las primeras palmas para preguntarle por la obra. Ya había escapado de la sala. Ellos, al no entender, deciden hacer lo mismo.
jueves, enero 01, 2009
El egocéntrico escritor incierto
jueves, diciembre 25, 2008
Saturnalia
miércoles, diciembre 17, 2008
Un fan de ensueño

domingo, noviembre 30, 2008
Falta de comunicación
—Seré sincero contigo amor, la verdad que no. Como no estabas, me hurgué la nariz al despertar, limpié mis dedos en las sábanas, y con la misma sábana, limpie toda la cerita de mis oídos. No me bañe, no me sentía sucio. Tampoco tomé desayuno. Salí de la casa, esperaba el micro, y te confieso, le estuve mirando los pechos a una flaca (que por cierto se parecía mucho a ti, aunque ella tenía más pechos). Ya al tomar el micro, iba comiéndome las uñas, cantando en mi mente canciones de Bob Marley, y pensando en si sería buena idea correrme la paja, pensando en la flaca de la parada del micro, al llegar a la casa después del trabajo. Total, era mi día de libertad. Trabajé como un peón durante 7 horas, en las que no podía dejar de pensar en esa desconocida que se parecía tanto a ti (con más pechos). Me invitaron a ir al Milagro con unos amigos; pero, no tenía ganas. Puedes creer que preferí regresar a la casa y correrme la paja pensando en tu clón de pechos grandes antes que tener un polvo real. Ayer salí de la rutina, hice el amor con mi mano y esa desconocida, que sí tira en las poses que me gustan. En definitiva, no fue un día normal.
Un silencio insinuante tomó posesión de la habitación unos segundos, quizá no los suficientes.
domingo, noviembre 09, 2008
Escapando de mamá (¿qué niño no?)
Mi madre sueña con alejarme de esta vida pagana (que lamentablemente de pagana no tiene nada) y hacer de mí un misionero, un predicador de sus doctrinas privadas y sin comprobar —no uno que vaya a predicar en sí, sino más bien que vaya a conocer el mundo y hacer orgullosa a mamá con un recuerdo—. La iglesia es un papel muy importante en la vida de mi madre, es una especie de refugio a sus lamentos, un invernadero donde poder conversar larga y exageradamente con un Dios que quiere oírla más que su familia. Por eso cuando pienso en ella (mi madre) miro a la derecha, tratando de entender si el ser zurdo de pensamiento es quizá un castigo de su Dios (que es también mi Dios según sus palabras) y que en mí ella sólo busca que vea lo que ella no puede ver de aquel maravilloso Dios al cual ama.
Pese a todo, sé que mi madre me ama (no tanto como a Dios; pero me ama), y en su alma sólo hay buenas intenciones (con métodos bastante heterodoxos), y que como hijo no me corresponde romper esas ilusiones y hacerle sentir mal siendo quien soy. Por lo menos no ahora, pues mi madre es un ser difícil. Por eso siempre espero tranquilo que el día termine, que mi madre enfoque su egoísmo en sus imperturbables sueños. Esos sueños donde quizá sea la reina que merece ser, viviendo en ese mundo perfecto de oraciones, esmog e infinidad de dinero que ella quiere para su familia. Creo que es feliz durmiendo junto a sus quimeras; mas yo no.
Pero alguna mañana, de algún día cualquiera de cualquier otoño, yo me habré ido con alguna otra mujer sin avisarle. Cuando ese día llegue, junto a esa mujer me perderé, en avernos donde mi madre no podrá ir a buscarme e intentar expiarme de las calamidades que conmigo vendrán, y se resignará por fin a amarme por quién soy. Espero ese día no lastimar a mi madre, ni mermar su extraña felicidad. Espero también que sea la mujer que hoy me acompaña esa mujer que esté junto a mí en aquel averno, pues la he llegado a querer bastante y necesito de sus caricias y besos para ser más feliz, y ayer le dije que la amo, y no le mentí, como le mentí a mi madre, a la que no podría decir te amo sin pensar que miento; pero que se está ganando mi amor con cada nueva riña de domingo.




